jueves, 18 de febrero de 2010

LA PROBLEMATICA EDUCATIVA DE MEXICO EN TIEMPOS DE LA GLOBALIZACION




Nota: Conferencia impartida en la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM, 26 de marzo de 2008


“Prefiero crear personas ingenuamente convencidas de que contra todos los males algo se puede hacer, porque éstos nunca se resolverán solos; no sé si nosotros los vamos a resolver, sé que si no los resolvemos nosotros, no se resolverán. Esto es lo que me parece que hay que transmitir con unas pautas, no digo de optimismo desenfrenado loco, pero al menos de un cierto pesimismo que acepte que hay que actuar; que algo hay que hacer, y que ese algo depende de uno. No se puede esperar a otra ocasión mejor; no podemos esperar a que venga el siglo que viene a ver qué movimientos y corrientes cósmicas nos liberan de nuestros males o nos condenan a ellos definitivamente”
Fernando Savater
[1]

Introducción

La problemática educativa de México no es un secreto para nadie. No se necesita ser especialista ni investigador, ya que para cualquier persona con mediano sentido común resulta evidente el gran rezago educativo que sufre México. En las calles, en el metro, en las fábricas, en las oficinas, en la televisión, en los estadios, en las casas, en las mismas escuelas…en fin prácticamente en cualquier lugar es evidente que existe un serio problema con la educación.

Sexenios van y vienen, al igual que diagnósticos y reformas, pero desde tiempo atrás la educación es considerada como uno de los grandes problemas nacionales, y en este sentido el reciente informe de la OCDE que ubica a México como en el último lugar en educación de ese grupo de países no debe sorprender, ya que también en otros rubros como es el desarrollo humano, el índice democrático, el respeto a los derechos humanos, el grado de competitividad, entre otros, ocupamos lugares poco decorosos.

De unos lustros a la fecha, la problemática educativa es percibida como un asunto fundamentalmente cuantitativo, es decir, se trata de mejorar calificaciones, promedios, índices de eficiencia, titulación, etc, y, por ende, la calidad es posible alcanzarla si mejoramos procesos administrativos, técnicos o académicos a través de generación y aplicación de normas o estándares, de desarrollar las más diversas tecnologías y de eficientar el trabajo de los recursos humanos involucrados en la educación, entre muchos medios posibles.

Por otra parte, cuando se presentan reflexiones de orden cualitativo, generalmente se refieren a cuestiones relativas a la filosofía y los valores, a las teorías pedagógicas y métodos y técnicas didácticas, o también a aspectos culturales, sociológicos, políticos y económicos de la educación. En algunos de estos análisis, la educación es un fin en sí mismo, con autonomía propia para encontrar sus causas, resultados y soluciones, y en otros, es una variable dependiente de otros procesos que la sobredeterminan.

Pero en muchos de los trabajos sobre la educación, autonomistas o deterministas, el común denominador es la pérdida carencia del contexto y la visión integral del proceso educativo como parte de un todo que lo engloba. Si bien en un nivel de análisis y de planteamiento de soluciones la educación debe considerarse un fin en sí mismo, si se desea evitar la tentación determinista o maximalista, también no debe olvidase que aquella es un medio que forma parte de un contexto histórico y complejo, que la condiciona o la obstaculiza o la potencia y redirecciona.

El objetivo de este ensayo es reflexionar sobre el contexto general de la educación, la globalización, y proporcionar algunos lineamientos metodológicos para una reforma educativa humanista y planetaria. Dada la complejidad y vastedad de estos temas, en estas líneas se limitarán a establecer un marco general para el análisis, es decir, se definirán algunos aspectos conceptuales básicos e históricos de la globalización, sus dos facetas principales, y sus implicaciones como un contexto que sobredetermina a la educación, pero que puede ser aprovechado para la realización una reforma educativa humanista y planetaria, y para la cual en este trabajo se mencionan algunos lineamientos metodológicos o condiciones básicas para concretarla.

I. Globalización: aspectos conceptuales

Son innumerables las teorías, las concepciones y las polémicas sobre la globalización, así como la literatura que recurre a otras categorías tales como la mundialización, la universalización u otras. Probablemente es el fenómeno mayor estudiado en la historia.

No es propósito de este apartado hacer un análisis sobre estas conceptualizaciones o de los debates teóricos, ni tampoco proponer nuevas definiciones o interpretaciones. Únicamente se definirá a la globalización de un modo que en lo posible quede exenta de connotaciones ideológicas positivas o negativas. Lo que se busca es una definición que sirva como un instrumento con valor heurístico y analítico.

En este trabajo por globalización se entiende a un proceso creador de un sistema internacional, denominado globalidad, que por su extensión y alcances, como es en la actualidad, puede adquirir un rango mundial, y cuyos componentes se ordenan conforme a un principio ordenador de partes dentro de un todo, que interactúan entre sí, dentro de un contexto
[2].

La globalización como proceso generador de una globalidad se ha presentado de forma cíclica en la época moderna (desde el siglo XVI), por lo que no es un fenómeno exclusivo de los tiempos actuales, si bien el carácter mundial de la globalidad resultante sí resulta inédito. La globalización, en tanto proceso, atraviesa diversas etapas, es decir, tiene un principio y un fin, puesto que su expansión genera, concomitantemente a fuerzas organizadoras y unificadoras, resistencias y conflictos que pueden erigirse en tendencias desorganizadoras y desglobalizadoras que terminen con el ciclo globalizador.

Como sistema internacional la globalidad se caracteriza por integrar a una multiplicidad de elementos y relaciones de muy diverso tipo (políticas, económicas, sociales, etc.), que pueden ser de carácter funcional, cuando impera la interdependencia o de contradicción si predomina el conflicto. En esta estructura suele imperar alguno de los elementos y de las relaciones integrantes, que sirve de principio ordenador de todos las demás dimensiones de lo real, e incluye una ideología legitimadora del sistema. Así, en la actualidad imperan las relaciones económicas capitalistas, los monopolios, los bloques regionales y el capital financiero y como ideología legitimadora, el globalismo (como la llama Ulrich Beck
[3]) o mejor conocida como el neoliberalismo.

Dentro del sistema global existen sujetos globalizadores, actores activos y protagónicos, y entidades globalizadas, países y regiones pasivas y secundarias. Empero, en virtud de que no es una estructura estática y cerrada, sino abierta y dinámica, comunicativa, competitiva, integrativa, cooperativa y/o conflictiva, entonces, naciones, regiones o hasta continentes pueden transitar, de una situación globalizada a una globalizadora (o viceversa). Estas categorías suelen aplicarse a los ámbitos políticos y económicos, ya que cuando una nación o región trascienden culturalmente, por ejemplo, se utilizan otras categorías analíticas.

En consecuencia, es importante considerar que, aun cuando un país desempeñe política o económicamente (o ambos) un rol globalizado, no significa que en otros ámbitos posea un lugar secundario o pasivo. Han imperado las caracterizaciones economicistas, pero la riqueza de una sociedad va más allá de su producto interno bruto... Puede haber naciones globalizadas, como América Latina, que participan destacadamente en la universalización del mundo por su arte, literatura, etc. Es indudable, que conforme prosperen económicamente –y puedan ser globalizadoras-, la fuerza de su cultura será mayor, y por ello resulta indispensable que participen activamente en la globalización.
Así, educadores y educandos deben cobrar conciencia de que la globalización es un proceso creador de un sistema global, ineludible e inevitable, y que contiene aspectos positivos y negativos para el desarrollo de una educación humanista planetaria.

2. Ciclos históricos y la globalización

Una constante histórica es la recurrencia de fenómenos cíclicos en todos los ámbitos de la vida social. Un ciclo se puede definir como un conjunto de hechos, procesos, estructuras, sujetos e ideologías que se ordenan en torno a un principio ordenador.

La globalización constituye un ciclo histórico como tantos otros ciclos. La globalización generalmente es un fenómeno de larga duración y caracterizado por profundas transformaciones que marcan el destino de gran parte o de todo el planeta. El primer ciclo globalizador se ubica en el siglo XVI y se caracterizó la aparición de un imperio mundial, el español, que logró imponer sus políticas, instituciones y cultura a buena parte del mundo, y un legado que a la fecha continúa. La globalización del siglo XIX hizo del capitalismo el sistema económico mundial imperante y transformó al orbe en un sentido industrial, tecnológico y urbano.

Los ciclos globalizadores generan contradicciones que se erigen en limitante o, incluso, que pueden desencadenar tendencias desglobalizadoras, que a la postre pone fin al ciclo. Estas tendencias pueden ser conflictos militares que conduzcan al inicio de un ciclo bélico. El fin de un ciclo globalizador puede ser catastrófico. El fin del primer ciclo globalizador fue la Guerra de los Treinta Años y del segundo, la Primera Guerra Mundial. En ambos casos, el fin de la globalidad trajo como consecuencia la crisis, la fragmentación y una mayor conflictividad internacional.

El actual ciclo globalizador comenzó después de la segunda guerra mundial. Durante la Guerra Fría, la marea globalizadora estuvo contenida por el muro de Berlín y el bloque socialista. Durante esta primera etapa imperó la rivalidad Este-Oeste y la expansión imperialista de las principales potencias. No obstante, una vez acabada la bipolaridad política, ideológica y militar, desde la década de los noventa el mundo vive una revolución capitalista sin precedentes, que ha transformado sorprendentemente a algunos países como China, pero cuyo resultado más trascendente es la integración del planeta en un sistema mundial. El proceso globalizador actual no es nuevo, si se le considera un ciclo histórico, aunque sí es inédito en cuanto a sus peculiaridades, fuerza, alcance y consecuencias.

La globalización contemporánea, como las anteriores, es finita si considera la experiencia histórica: entre más poderoso aparece un fenómeno, mayores son las contradicciones y fuerzas centrífugas que genera. No obstante, si se le considera un fenómeno de mediana o larga duración, resulta ser un proceso irreversible: actualmente se nos presenta como un oleaje en plena expansión, ineludible, del cual nadie escapa, y que se requiere aprovechar a fin de participar en sus beneficios, y no ser únicamente víctimas de sus consecuencias negativas. Conforme mas países se incorporen a la globalización y se asocien para erigirse en sujetos globalizados, entonces, podrán redireccionarla hacia la conformación de una sociedad-mundo, según la concibe Edgar Morin.

Hay que llamar la atención sobre la existencia de tendencias desglobalizadoras: el retorno de los nacionalismos xenófobos, la recurrencia de guerras regionales, la fragmentación de más países, la construcción de más muros y la discriminación de los migrantes y extranjeros, entre otros fenómenos que niegan toda posibilidad de una identidad planetaria.

En este sentido, la educación humanista planetaria debe transmitir, tanto el carácter histórico de la globalización como la especificidad propia del ciclo actual, particularmente su capacidad de integrar a todos las naciones del planeta en un sistema mundial y la posibilidad de construir una utopía planetaria


3. La globalidad actual como imperio-mundo

Según la terminología de Edgar Morin
[4], la globalidad actual presenta dos caras: imperio-mundo y sociedad-mundo.

La globalidad como imperio-mundo es su faceta negativa y desafortunadamente es su rasgo imperante. Sus manifestaciones más visibles son: el imperialismo de Estados Unidos y sus guerras de conquista; las políticas neoliberales de ajuste y de desacelaración calculadas, la universalización del american way of life y el pensamiento único; la supremacía de los monopolios y del capital financiero; la competencia feroz entre las naciones y los individuos, incluyendo la mercantilización y la avaricia extremas; la xenofobia, el terrorismo, el narcotráfico y todas las redes internacionales criminales, así como una multiplicidad de problemas que se han generado o agravado como consecuencia de la globalización: las dramáticas desigualdades e injusticias sociales, el crónico desempleo y la falta de oportunidades, las recurrentes hambrunas y pandemias, la cotidiana violencia contra mujeres, la explotación infantil, la crisis ambiental y la destrucción ecológica planetaria…

Las políticas económicas ortodoxas, específicamente, tienden a priorizar la estabilidad sobre el desarrollo, ya que el control de la inflación resulta fundamental para cumplir con metas monetarias y financieras. Así, los gobiernos se vanaglorian de una gran reserva monetaria ya que pueden inhibir los ataques especulativos contra la moneda, pero son incapaces de utilizar estos recursos financieros para el desarrollo, para promover sectores como la educación y el bienestar general.

Todo ello significa un contexto negativo para la educación, porque se erige en un multifactor causal de infinidad de problemas que impiden el cumplimiento de sus fines humanos. La pobreza, el desempleo, las enfermedades, la drogadicción, la violencia, la enajenación, la imperancia de valores individualistas, consumistas y materialistas, la corrupción, la intolerancia, la discriminación, la supremacía del más fuerte, las inundaciones y las devastaciones naturales, producen desencanto, frustración, miedo, confusión, incertidumbre e inseguridad, y pueden ser fuentes de fundamentalismos, terrorismos, xenofobias, nihilismo, etc., cerrando así el círculo vicioso de las causas y consecuencias de la globalización como imperio-mundo.

La mitad del mundo vive en la pobreza, y cada vez hay menos oportunidades para miles de millones de personas, y quienes las tienen se educan para ser consumidores y para la competitividad feroz. Cada vez se tiene que estudiar y trabajar más ardua y prolongadamente, pero sé es menos libre, no sólo por el tiempo ocupado, sino por la esclavitud que implica el trabajo mismo y por la avidez de consumir o acumular más bienes.

En este entorno negativo las ideas, los valores, los ejemplos y, en general, el conocimiento humanista o nacionalista que la escuela transmite, parecen estar completamente desfasados y rebasados, especialmente si se considera el poderoso influjo que ejercen los medios masivos, Internet, los videojuegos, las computadoras y los celulares. La escuela, al igual que la Iglesia durante la época moderna, parece una institución anquilosada y aislada, no porque sea incapaz de incorporar los avances tecnológicos o normas y estándares internacionales, sino porque se amuralla en su sistema de ideas, fundado en filosofías y prácticas provenientes de otros contextos históricos y culturales.

La respuesta contracultural a la globalidad como imperio mundo ha tenido dos vertientes: la cerrazón tradicionalista y nacionalista, y la globalifóbica, ahora transformada en altermundista. La primera ontologiza a la identidad nacional y la erige en una entidad metafísica, inmutable, en una idiosincrasia caracterizada por una suma de valores, instituciones, tradiciones, símbolos, manifestaciones artísticas, leyendas, mitos, ancestrales o recientes, que en conjunto integran el ser nacional, ya que en lo fundamental son productos “nuestros”. En esta perspectiva, “el modo de vida americano”, por ejemplo, resulta una especie de engendro foráneo que debe ser combatido al igual que toda modalidad de imperialismo cultural, a través de un mayor nacionalismo, tradicionalismo, nostalgia por el pasado, etc.

Por otra parte, la revuelta globalifóbica fue primeramente una reacción contestataria ante los males generados o agravados por el imperio-mundo, y su rebeldía se conjugó con las reacciones nacionalistas y particularistas de muchos pueblos que se niegan a ser sometidos a la universalización mercantilista y tecnológica. Posteriormente, de la protesta globalifóbica se transitó al altermundismo cuando aparecieron diversos foros, ONGs, redes y otros movimientos que en conjunto permiten vislumbrar una sociedad civil internacional y la globalización como una sociedad-mundo.

Los educadores y educandos deben cobrar y difundir conciencia sobre los males derivados o agravados del imperio-mundo, pero sin asumir actitudes extremas o meramente contestatarias, sino reformadoras teniendo como horizonte la sociedad-mundo. Además, deben estar conscientes sobre el potencial y los límites de su acción educativa, es decir, de todo el contexto que los sobredetermina.

4. La globalidad actual como sociedad-mundo

La globalidad como sociedad-mundo es un proceso todavía en construcción, aun cuando ya tiene signos claramente visibles. Uno de ellos es la aparición de una identidad planetaria. Por encima de las identidades nacionales o locales, la realidad de la globalización es crear un sistema que abarca todo el planeta, integrando a todos los países e individuos en estructuras políticas y económicas, y creando las condiciones para la aparición de una sociedad civil internacional.

Esta identidad planetaria puede tener tres subconjuntos básicos: la regional, la nacional y la individual. Somos parte del planeta tierra, pero también, por ejemplo, de América Latina y de México (y dentro de éste de un estado, de una comunidad, etc.), y como individuos tenemos una autonomía propia y rasgos que compartimos con todos los integrantes del género humano. Universalidad y particularidad no se contraponen, sino que son dos caras de la misma moneda.

Conforme la globalización integra al mundo en una globalidad, las identidades parciales se irán subsumiendo en la identidad planetaria debido a:

-Los problemas derivados o agravados de la globalización son de carácter global, y sólo un gobierno y una comunidad mundial podrán enfrentarlos exitosamente, naturalmente mediante una gobernanza democrática. La toma de conciencia sobre la problemática de la nave-tierra es el punto de partida de la identidad planetaria.

-El género humano desarrolla una ética crecientemente universal
[5] con base en ideales, valores y normas que todas las naciones y personas debemos compartir en tanto integrantes de la humanidad, concepto que incluye la naturaleza. Una ética que sostenga la paz, el desarrollo y la cooperación entre las naciones, así como la libertad, la justicia, el respeto, la equidad, la solidaridad entre las personas, entre otros principios y valores, que deben ser el fundamento de un gobierno planetario y una ciudadanía universal.

-La ola democratizadora mundial ha promovido la universalización de los derechos políticos, económicos, sociales, culturales y de género de l@s ciudadanos. Los ideales y valores del liberalismo político adquieren preponderancia internacional, junto a nuevos derechos –como los de género y los relativos a las minorías étnicas-, cuya defensa y promoción sobredeterminan las identidades nacionales o locales, incluyendo las religiosas.

-Los individuos, los pueblos y las culturas del mundo se comunican y se interfecundan. Las migraciones, los múltiples flujos y relaciones políticas, económicas, artísticas, etc., han dado lugar a relaciones multiculurales o pluriculturales, y a comunidades artísticas que comparten métodos, técnicas y productos, enriqueciendo o creando nuevos géneros musicales, pictóricos, etc. Aunque la reacción contra el pensamiento único y el modo de vida americano han promovido las originalidades nacionales y en el peor de los casos las xenofobias, también es verdad que se producen oleadas transculturales que tienden a la interculturalidad universal y el cosmopolitismo como parte de la emergente identidad planetaria.

-La informática, Internet, los medios masivos y las telecomunicaciones han creado una comunidad mundial de enseñanza y aprendizaje. Ha aparecido la sociedad de la información y del conocimiento, en la que impera la interactividad, el intercambio y la difusión instantánea de millones de datos, mensajes, diálogos, imágenes, música, servicios, etc. Millones de internautas forman una comunidad mundial que diariamente chatea y escribe; enseña y aprende; viaja y se divierte, al grado de que ya es impensable concebir la identidad planetaria sin este grado de tecnologización y universalización del conocimiento. Sin embargo, todavía millones de personas en el mundo no forman parte de esta comunidad internáutica y tampoco las potencias y los poderes corporativos no han compartido el know how de muchos ámbitos tecnológicos que son fundamentales como el farmacéutico, el biotecnológico, el electrónico, entre otros.

-La integración del planeta como un sistema mundial ha propiciado el renacimiento de la utopía y de la humanidad como una comunidad de destino. Si tod@s formamos parte de la “nave espacial tierra” compartimos no sólo el espacio donde habitamos, el imperativo de la supervivencia, sino la convivencia y el destino de la misma. En la nueva utopía la finalidad debe ser el establecimiento de una confederación planetaria de regiones, naciones e individuos conforme a una ética universal, instituciones democráticas, derechos políticos, económicos, culturales y de género igualmente universales, y con una voluntad unitaria de resolver la compleja problemática terrestre, particularmente la crisis ambiental global y la lucha contra las guerras de conquista y las redes criminales internacionales.

Este es parte del contexto (hay otros elementos de la globalización como los relativos a la calidad y a la estandarización de normas educativas, organismos certificadores, etc., merecedores de un análisis aparte) que debe asumir una reforma educativa humanista, si pretende participar en la resolución de la grave problemática global y en la conformación de una sociedad-mundo, particularmente de una identidad planetaria.

5. Reforma Educativa Humanista y Planetaria: lineamientos metodológicos

Rebasa a este trabajo fundamentar y desarrollar lo que se entiende por una reforma educativa humanista y planetaria, ya que intentarlo implicaría un proyecto intelectual de largo alcance y profundidad, lo que no deja de ser un proceso colectivo transdiciplinario, aunque principalmente porque presupone asumir o proponer una filosofía sobre la educación, el humanismo, la reforma social, etc., o al menos, explicitar una matriz teórica que fundamente estos conceptos.

Más bien, lo que aquí interesa es establecer los pasos o condiciones que se consideran básicos para la definición e implementación de dicha reforma educativa que tenga como horizonte el cumplimiento de objetivos y metas humanistas y planetarias. En las siguientes líneas únicamente se plantearán condiciones generales y de manera muy sintética, ya que cada una implicaría, evidentemente un mayor desarrollo.

1ª. Condición: proyecto de nación e identidad planetaria

-La reforma educativa presupone un proyecto de nación compartido como parte de una visión de sociedad mundo y particularmente de la identidad planetaria. Para el caso de México es conveniente revisar el proyecto de nación de la Revolución mexicana, pues algunos de sus sustentos fundamentales (por ejemplo el concepto de soberanía) no son acordes con la sociedad-mundo, particularmente con la identidad planetaria. Se requiere un consenso político y social sobre un proyecto nacional que conjugue la triada individuo-nación-planeta.

2ª. Condición: reforma del pensamiento y de la cultura

-La educación forma parte de un contexto teórico-cultural caracterizado por filosofías dominantes o críticas, portadoras de concepciones antropo-ontológicas, paradigmas epistemológicos, etc., sobre la misma filosofía, las ciencias, la cultura, el arte, la educación. No se han revisados los fundamentos filosóficos y científicos de la cultura y la educación en México, lo cual permitiría mostrar, por ejemplo, la subsistencia de viejas concepciones sobre el humanismo, el nacionalismo, la sociedad, la historia, etc.

3ª. Condición: definición de educación humanista planetaria y de la reforma educativa

-La reforma del pensamiento y de la cultura aportará permitirá definir el concepto de educación humanista planetaria y la reforma educativa conducente. Se puede adelantar que entre los objetivos de la educación humanista planetaria se encuentran la necesidad de enseñar y aprender el nuevo nacionalismo y la identidad planetaria; el humanismo del siglo XXI, lo que incluye enseñar y aprender una ética universal, la trans e interculturalidad, la ciudadanía universal, etc.; la complejidad, el constructivismo y la crisis y reforma educativa, entre otros muchos aspectos. De este modo, la reforma educativa estará anclada sobre fundamentos teóricos renovados.

4ª. Condición: programa reformista integral

-El problema de la infinidad de reformas que se han ensayado o implementado es que se proyectan y se instrumentalizan de forma aislada y desarticulada de otras modificaciones que se requieren, tanto a nivel del contexto como del proceso reformista integral. Por tanto, se requiere que la condición indispensable para la reforma educativa, y en realidad cualquier otra reforma es justamente que sean parte de un programa de reformas generales, integrales y articuladas en torno a un objetivo común (proyecto de nación, identidad planetaria, educación humanista).

Para México esta última condición es fundamental. Durante el sexenio salinista se pretendió llevar a cabo esta articulación cuando la modernización educativa coincidió con reformas de libre mercado, privatizadoras, entre otras. Aunque coincidieron en el tiempo, no estaban articuladas ni compartían objetivos superiores. Por ejemplo: ¿es viable una reforma educativa sin reformas políticas y laborales que promuevan la democratización, la profesionalización, la transparencia y la rendición de cuentas de los sindicatos? ¿o sin una reforma antimonopolios que genere mayor competencia entre los medios de comunicación?

Evidentemente, si se desea que la reforma educativa sea viable, se requiere revisar las políticas económicas, el funcionamiento del sistema político y de las instituciones sociales del Estado, así como el desempeño del sector privado que, en términos generales deja mucho que desear. Con seguridad esta revisión nos conducirá al imperativo de reformas y a la afectación de muchos intereses.

5ª. Condición: Acuerdos políticos para reformar la educación.

-Hasta ahora las reformas educativas han tenido como objetivo fundamental salvaguardar intereses partidarios, sindicales y personales, y en un segundo término transformar la educación. Así como durante décadas las reformas políticas sólo buscaban relanzar al sistema político imperante, con la educación también sucedió lo mismo, ya que los cambios educativos impulsados únicamente deseaban readecuar labor educativa con los ajustes hechos a las demás partes del sistema dominante.

-Como la instrumentación de reformas significa la afectación de intereses y la realización de algún sacrificio, necesariamente se requiere que se produzcan acuerdos entre los actores políticos, económicos, sociales, culturales, científicos y educativos para readecuar al sistema educativo a las nuevas necesidades, no sólo del modelo económico y de la transición democrática, sino de la cultura, de la ciencia, la tecnología, etc.

Necesitamos que, por primera vez, la reforma de la educación sea el objetivo fundamental de toda la sociedad. Sin embargo, las reformas no pueden ser impuestas, por mucha bondad que parezcan tener.

Conclusión

Crisis de la educación, desastre educativo, reforma o revolución educativas, ¡cuántas veces hemos oído estas palabras y cada vez nos resultan más huecas y demagógicas! Al contrario de otras actividades como la política o la abogacía, el quehacer educativo goza del reconocimiento social, ya que nadie pone en duda su trascendencia, pero existe el riesgo del descrédito, no de la educación en sí, sino los sujetos encargados de ella.

Así, conforme la educación se desfasa de su contexto, particularmente de la globalidad actual, las políticas, las instituciones educativas, las autoridades y los profesores, son cada vez más cuestionados por diversos sectores de la sociedad que perciben la inadecuación de diversas funciones y servicios educativos que se ofrecen con respecto a las cambiantes necesidades y demandas reales o también, es común el señalamiento de la precaria eficacia de la escuela frente al poder de los medios masivos e Internet.

El desfase contextual de la educación preocupa, en la medida que la paraliza ante las perjudiciales fuerzas del imperio-mundo. Preocupan el mercantilismo, el consumismo y el individualismo, pero es más preocupante que la escuela, cual castillo feudal ante en una amenaza externa, se enclaustre en un anacrónico sistema de ideas y en prácticas caducas, por ejemplo, en clases de retórica cívica, incapaces de enseñar a los estudiantes a defender sus derechos por sí mismos. Preocupan los abusos en el empleo que hacen los educandos de los videojuegos, celulares, computadoras, etc., pero mayormente intranquiliza que los educadores no los aprovechen con fines constructivos. Preocupan los bajos índices de aprovechamiento en matemáticas y en español, pero es más grave que la educación no proporcione las herramientas a los afectados para que por sí mismos salgan adelante.

Preocupan muchas cosas sobre la educación, aunque realmente resulta crítico que ni siquiera nos ayude a plantearnos interrogantes fundamentales para nuestra vida, y mucho menos que nos ofrezca soluciones para resolverlas.

A parte del desfase contextual de la educación y su impotencia para entender y enfrentar exitosamente la problemática actual de nuestra sociedad, son precarios los esfuerzos para superar nuestra circunstancia y contribuir a la conformación de una sociedad-mundo, a la construcción de una identidad planetaria y una nueva utopía.

Pocos son conscientes de que el problema no es la globalización en sí, sino su faceta como imperio-mundo y, por tanto, en muchas personas impera la aspiración del cambio, que se manifiesta en el lema altermundista de que “otro mundo es posible”, aun cuando ni siquiera tienen claro cuál es el horizonte alternativo deseado para la humanidad.

El principal déficit que tiene actualmente la educación es su rezago frente a la emergencia de la sociedad-mundo. Supuestamente nos enseñan a “defender a la patria”, pero no al planeta, y en realidad, ni siquiera aprendemos a defendernos a nosotros mismos. Necesitamos erigir la identidad planetaria, la ciudadanía universal, aunque primero tenemos que replantear nuestros proyectos nacionales y personales para renovarlos e integrarlos en la confederación planetaria que también requerimos construir.

MUCHAS GRACIAS

* Doctor en Estudios Latinoamericanos. Profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, y del Doctorado en Educación de la Universidad La Salle y del Colegio de Estudios de Posgrado de la Ciudad de México.
[1] “La educación es el momento adecuado de la ética” en Etica y Ciudadanía, Monte Avila, Caracas, 1999.
[2] “Globalización: una perspectiva histórica” en Revista Internacional La nueva gestión organizacional, año 2, nùm, 2, julio-diciembre de 2006.
[3] BECK, Ulrich, ¿Qué es la globalización?, PAIDOS, Barcelona, 1998.
[4] ¿Sociedad Mundo o Imperio Mundo? Más allá de la globalización y el desarrollo, Gaceta de Antropología Nº 19, 2003.

[5] Por ejemplo, en el sentido de Hans Kung. Ver Proyecto de una ètica mundial (Trotta, Madrid, 1991) y una ètica mundial para la economía y la política (Trotta, Madrid, 1999).

1 comentario:

Àlex Frias dijo...

Hola Enrique! Un saludo! Seguro me recuerdas, nos conocimos en la fiesta de Rose Mary.
Felicidades por el blog, luce muy bien. Estamos en contacto! Hasta pronto!